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Un Réquiem malagueño

Invitatorio, Cristóbal de Morales

Peccantem me quotidie, Cristóbal de Morales

Convento Carmelitas Descalzas de San José, 2016

 

Cristóbal de Morales (Sevilla, 1500-Málaga, 1553)

 

OFICIO DE DIFUNTOS

           Circumdederunt me gemitus mortis [Maitines]

           Invitatorio

           Parce mihi Domine [Lectio I]

           Taedet animam meam vitae me [Lectio II]

           Manus tuae fecerunt me [Lectio III]

           Peccantem me quotidie [Responsorio]

 

MISA DE DIFUNTOS (a 4v, Catedral de Málaga)

           Introito: Requiem aeternam.

           Kyrie eleison.

           Gradual: Requiem aeternam.

           Ofertorio: Domine Iesu Christe.

           Sanctus. Benedictus.

           Agnus Dei. Absolución.

 

Duración aproximada: 1h.

El oficio de difuntos está dividido en Oficio, propiamente dicho, y Misa. El Oficio expresa en primera persona las súplicas y temores del alma del difunto ante el tránsito a la otra vida, y se interpreta durante todo el día, antes de la misa corpore insepulto. Ofrecemos una selección de su polifonía, ya que ésta se alterna con cantos gregorianos y largas letanías. El oficio de difuntos de Cristóbal de Morales es una de las páginas de mayor serenidad y concreción expresiva del Renacimiento, habiéndose interpretado en las exequias de Carlos I de España y V de Alemania.

 

La Misa pro defunctis que escuchamos es la que Cristóbal de Morales escribió para 4 voces (existe otra a 5, mucho más interpretada), de la cual se conservan dos manuscritos: uno en Valladolid y otro en la Catedral de Málaga. Parafraseando a Johannes Brahms, cabe decir que estamos ante Un réquiem malagueño, que el compositor dejó como regalo involuntario durante su estancia en Málaga, que acabó con su propia muerte. Aunque nacido en Sevilla, estamos ante el primer compositor español de fama e influencia mundial, que compitió “de tú a tú” con Josquin Desprez y los mejores compositores de su época como cantor en la capilla papal, en Roma. Todos los compositores de Europa admiraron su capacidad expresiva, su naturalidad y su perfección y, sin él, el Renacimiento posterior habría sido muy distinto. Tras su gloria italiana, volvió a España, donde se afincó en la Catedral de Toledo y, buscando de nuevo el sur, logró una plaza de maestro de capilla en Málaga, cuya catedral apenas había comenzado a edificarse. Aunque no fue bien acogido, hoy debemos enmendar la injusticia histórica local cometida contra un maestro tan grande, y reivindicarlo como compositor también malagueño, puesto que todavía es posible que yazca en algún lugar del subsuelo de nuestra Manquita.

Taedet animam meam vitae me, Cristóbal de Morales

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